Agotamiento mental: cuando el cerebro no alcanza a seguir el ritmo

Agotamiento mental: cuando el cerebro no alcanza a seguir el ritmo

En un entorno que premia la productividad constante y la resiliencia, especialistas en neurociencia advierten que el creciente agotamiento emocional que experimentan muchas personas no siempre responde a una falta de motivación o propósito. Detrás de este fenómeno, explican, suele existir una sobrecarga prolongada del cerebro ante las exigencias de la vida moderna.

La neuropsicóloga Jessica Arévalo sostiene que la forma en que actualmente se habla de salud mental suele ser incompleta. Según explica, con frecuencia se atribuye el cansancio emocional únicamente a la actitud o la fortaleza individual, sin considerar las presiones constantes que afectan el funcionamiento del cerebro.

De acuerdo con la especialista, el estilo de vida actual expone a las personas a un flujo permanente de estímulos, responsabilidades y preocupaciones que obligan al cerebro a mantenerse en alerta durante largos periodos. Este estado sostenido de tensión, advierte, no corresponde al funcionamiento para el cual evolucionó el sistema nervioso humano.

Las cifras internacionales reflejan la magnitud del problema. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, más de mil millones de personas en el mundo viven con algún tipo de trastorno mental, lo que equivale aproximadamente a una de cada siete personas a nivel global.

Desde el punto de vista biológico, el estrés prolongado activa mecanismos de supervivencia en el cerebro que alteran su funcionamiento normal. Regiones como la corteza prefrontal, el hipocampo y la amígdala —encargadas de procesos como la memoria, la regulación emocional y la toma de decisiones— pueden verse afectadas cuando el organismo permanece en un estado continuo de presión.

En ese contexto, síntomas como irritabilidad, dificultad para concentrarse, sensación de desconexión o cambios emocionales repentinos pueden aparecer incluso en personas que continúan cumpliendo con sus responsabilidades laborales o familiares.

La especialista señala que en consulta es cada vez más común encontrar individuos que mantienen su nivel de productividad, pero lo hacen con altos niveles de desgaste interno. Este escenario puede derivar con el tiempo en ansiedad, insomnio, sensación de “niebla mental” o tristeza persistente.

Para Arévalo, la salud mental debe analizarse más allá de las emociones. Factores biológicos como la calidad del sueño, los ritmos circadianos, la actividad física, la alimentación y la calidad de las relaciones sociales influyen directamente en el equilibrio del cerebro.

También advierte que un discurso centrado únicamente en la motivación puede terminar responsabilizando al individuo por no rendir al máximo en contextos que demandan más energía de la que el cuerpo puede sostener.

Ante este panorama, la especialista propone replantear la forma en que se entiende la productividad y promover hábitos que permitan al cerebro recuperarse. En su opinión, mantener niveles altos de rendimiento sin espacios reales de descanso no es una señal de eficiencia, sino una forma de desgaste acumulado.

Estas reflexiones son abordadas en su libro Instrucciones para entender tu cerebro y dejar de vivir en piloto automático, en el que analiza cómo las dinámicas de la vida contemporánea afectan la atención, el descanso y la regulación emocional.

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