
Hace más de quince años, los primeros registros en cámaras trampa marcaron el inicio del seguimiento al oso andino u oso de anteojos en el departamento del Huila. Desde entonces, ese ejercicio técnico evolucionó hacia un esquema de monitoreo continuo que hoy permite conocer con mayor precisión la presencia, movilidad y reproducción de la especie en distintos ecosistemas andinos.
La información recopilada muestra que el territorio huilense ofrece condiciones adecuadas para la permanencia del oso, con evidencia de individuos identificados y registros reproductivos en vida silvestre. Este proceso se apoya en la participación de comunidades locales, que intervienen en la instalación de cámaras, recorridos de campo y análisis de rastros, junto con organizaciones ambientales que operan en la región.
En Colombia se estima una población de entre 3.000 y 6.000 osos andinos. Dentro de ese contexto, el Huila destaca con 217 individuos identificados, una cifra que representa aproximadamente el 3,6 % del total nacional. El seguimiento ha permitido reconocer 19 núcleos poblacionales distribuidos en igual número de municipios.
Uno de los núcleos más relevantes se ubica en San Agustín, donde se documentaron cuatro eventos de cópula en estado silvestre, un indicador clave sobre la estabilidad del hábitat. Los datos también revelan desplazamientos superiores a 30 kilómetros entre estaciones de monitoreo, lo que confirma la necesidad de conservar corredores biológicos que conecten bosques y páramos.
El sistema registra 8.500 eventos de presencia del oso andino, información integrada a bases de datos de biodiversidad para analizar distribución y dinámica poblacional. Además, el seguimiento a camadas de oseznos muestra tasas favorables de supervivencia, asociadas a disponibilidad de alimento y cobertura vegetal suficiente. Estos resultados permiten orientar decisiones de conservación basadas en evidencia.